Si te paras a pensar en aquellas exposiciones, intervenciones, ponencias… que se te han quedado grabadas en tu memoria, ¿cuáles crees que fueron los ingredientes que hicieron que se colasen en tu banco de recuerdos?

Posiblemente identifiques muchos. Pero hoy, me gustaría centrarme en uno de los que, para mí, sin duda es clave. La naturalidad.

A veces presenciamos intervenciones que son perfectas desde el punto de vista de habilidades comunicativas, pero por algún motivo, no llegan, no conectan con la audiencia. Y es que, en ocasiones, en esa búsqueda constante de la perfección perdemos naturalidad y el resultado acaba siendo impostado. Eso nos aleja de nuestra audiencia. La naturalidad, en cambio, nos acerca. Y si nosotros nos acercamos, también nuestro mensaje.

Debemos trabajar por dar lo mejor de nosotros mismos, hacerlo lo mejor posible, pero siempre teniendo presente que nuestra esencia, alma… deben permanecer. Precisamente eso es lo que humaniza nuestra exposición. Porque, aunque parezca obvio, no podemos olvidar que al otro lado, hay personas, como tú y como yo, que sienten y padecen.

Para hablar en público necesitamos agregar la sal de la comunicación, que es la naturalidad. 

VALORA ESTE ARTÍCULO
(Votos: 1 Promedio: 5)