Muchos clientes me dicen “Marina, yo lo que quiero es no sufrir al hablar en público”. Ante ese comentario, siempre les digo que no se trata de no sufrir y por tanto quedarme neutro, sino de llegar a DISFRUTARLO. Y es que… hablar en público es un auténtico placer. Una oportunidad maravillosa para aportar valor a otros y para enriquecernos.

Si uno observa a los niños comportándose, llevan innata la capacidad de comunicar. Si un niño ve un escenario, lo normal es que se suba. Y una vez ahí, cantará, bailará, reirá… jugará. ¿Qué ocurre en el camino para que, una vez llegamos a la edad adulta, hayamos perdido esa sensación de libertad y disfrute en un escenario? ¿Qué ha pasado para que pasemos del placer al sufrimiento? Respuesta: sistema educativo.

Somos víctimas de un sistema educativo que no promueve esa capacidad innata que todos tenemos, que es la de comunicar. A muchos de nosotros, nos enseñaron a hablar, no a comunicar. Hablar es arrojar palabras sin contenido, sin intención. Palabras vacías. Comunicar es llenar las palabras de sentido.

Como resultado de ello, muchas personas evitan tener que realizar exposiciones en público, viendo frenada así su carrera profesional. En otras ocasiones, lo aceptan, pero lo sufren,… en definitiva, que lejos de verlo como una oportunidad lo ven como una auténtica pesadilla.

Y digo yo… ¡qué pena! Pero no pasa nada, nuestro sistema educativo no nos ayudó, sin embargo en nosotros está el poder para cambiar esta situación. Somos muy afortunados al disponer de un gran número de herramientas comunicativas. Sacudamos el polvo que han ido acumulando durante estos años y empezamos a sacar todo su brillo.

La buena noticia es que frente a nosotros hay un horizonte maravilloso para llegar a DISFRUTAR en nuestras exposiciones. Además, no podemos olvidar que, cuando disfrutamos, también disfruta la audiencia. Y ese es el primer paso para que nuestra exposición deje huella. ¡Todos contentos!

“Comunicar no es hablar”

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