¿Qué puedo hacer en el momento si me pongo nervioso cuando estoy hablando en público?

A estas alturas de la película, ya sabemos que hablar en público es un arte que se puede, y me atrevería a decir, “se debe” dominar. Dominar no solo para comunicar eficientemente, sino lo que es mejor, para llegar a disfrutarlo.

Son muchas las herramientas que podemos poner en práctica para ganar en seguridad y confianza y así desterrar el miedo escénico y hacer de los nervios, nuestros aliados (porque sí, aunque parezca mentira, estar nervioso es necesario, es un impulso para comunicar con energía. Lo importante es poner esos nervios a nuestro favor y no todo lo contrario). Ahora, o bien porque todavía no dominamos esas herramientas o bien, porque somos humanos y podemos tener un mal día, ocurre y puede ocurrir que durante una exposición sintamos muchos nervios. Y aquí hay dos opciones: o ser capaz de reconducir la situación o no.

En otro post me centraré en qué podemos hacer para reconducirla. Pero hoy, he decidido hablar y escribir sobre qué pasa si no soy capaz de controlar esos nervios y que se acaben apoderando de mí. Y para ello, te invito a que veas este vídeo en el que te cuento una experiencia que viví y que me resulta absolutamente inspiradora. ¡Espero que a ti también!

¿Qué puedo hacer si no soy capaz de controlar los nervios al hablar en público?

A través de esta experiencia que he compartido contigo, has visto que, incluso personas que tienen muchas tablas hablando en público, a veces sienten dificultades. ¡Claro! Es que somos humanos. Y no siempre estamos igual, no siempre nos sentimos seguros y con confianza. Evidentemente, en la medida en que uno pueda, debe trabajar siempre las herramientas para que, si llegado el momento, tengo el cable un poco cruzado, aun así sea capaz de hacer una gestión buena de la situación (quizá no idónea, pero sí buena).

Ejemplo: Alguien que entrene con mucha frecuencia para correr una maratón, desde luego tendrá muchas más probabilidades de correrla con buenos resultados que otra persona que no haya entrenado en su vida. Hasta aquí, es obvio. Pero qué pasa si ese mismo deportista se tira una época sin entrenar y que además coincide con una momento delicado, de bajón, en el que esté atravesando alguna dificultad… Es probable que no se sienta bien durante toda la maratón  e incluso puede llegar a querer abandonarla.

Lo que quiero decir con esto es que es importante trabajar todo lo que uno pueda las herramientas para ganar en seguridad y así estar listos tanto para los momentos buenos como para los menos buenos. Pero dicho esto, aún así, bendita la imperfección del ser humano, podemos encontrarnos en alguna ocasión (como la protagonista de mi experiencia) a falta de recursos. ¿No te parece maravillosa la gestión que hizo de la situación? ¿No crees que en un momento dado reconocer lo que pasa nos humaniza y al mismo tiempo nos permite soltar tensión y por tanto tranquilizarnos? ¿Te das cuenta como reconocerlo también es un recurso en sí mismo? Es lo único que a esta mujer le permitió relajarse. ¿Y dónde está el problema?

Esta experiencia me inspira mucho porque es la muestra de que siempre tenemos una alternativa para reconducir la situación, aunque eso pase por mostrarnos más vulnerables. Insisto, no olvidemos que somos humanos. Gracias a ese gesto tan valiente, hoy, unos años después te estoy hablando de ello precisamente porque esa experiencia me marcó. Si no hubiese pedido ese aplauso, posiblemente no la recordaría. Así que, dedicándome a esto, solo puedo decir “¡BRAVO!”.

Si estás interesado en dominar el arte de hablar en público y conocer todas las herramientas que te harán ganar en seguridad, te invito a que veas el Curso Online “El Arte de Hablar en Público. Presentaciones Eficaces y con Alma”. 

¡Feliz día!

Marina

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